Debéis vigilar muy de cerca a vuestros perros si hay sapos en la zona

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Hoy os queremos hablar de la bufotoxicosis, un tema no muy común en nuestra zona, pero que puede llegar a ocurrir habiendo tenido nosotros ya algún caso en la clínica. Esto no es más que la intoxicación derivada de ingerir la sustancia tóxica que secretan los sapos cuando se ven en peligro.

Dentro de los sapos, los hay de mayor y menor toxicidad, siendo los más peligrosos el sapo del río Colorado (no presente en nuestra zona), y el sapo de caña, considerada una de las especies más dañinas para el equilibrio de los ecosistemas por su carácter invasor; por lo cual está totalmente prohibido introducir animales de esta especie en nuestro país. La toxicidad también varía dentro de cada especie según hábitat, alimentación, clima y según el estado inmune que presente el animal afectado; por regla general, un sapo provoca la muerte de un animal de 9-14kg. Una curiosidad es que hay gente que emplea la sustancia que secretan como potente alucinógeno (a veces incluso chupan directamente el sapo), lo que resulta bastante peligroso para la salud.

Nuestras mascotas (tanto perros como gatos) poseen instinto cazador, y aunque sea como juego es probable que si ven un sapo lo primero que hagan sea metérselo en la boca, lo que desencadenará la secrección de esta sustancia tóxica que posee bufodienoles (que pueden llevar al animal a un estado comatoso o a presentar convulsiones), bufotoxinas (arritmias, bloqueo sinusal, fibrilación e incluso paro cardíaco) y catecolaminas (taquicardia e hipertensión) entre sus componentes, lo que puede provocar la muerte de nuestra mascota en menos de un cuarto de hora desde el contacto con sus mucosas, por lo que es vital acudir a urgencias con extrema rapidez.

Una vez ha pasado el tóxico a nuestro animal, mediante mucosas principalmente, puede presentar síntomas como salivación profusa, estupor, dificultad para mantener el equilibrio, mucosas muy enrojecidas, vómitos y respiración agitada; y pueden agravarse a un estado comatoso, aparecer convulsiones, edema pulmonar y mucosas azuladas (en estos casos el pronóstico es grave).

Al no existir un tratamiento específico contra las toxinas producidas por los sapos, lo primero que haremos será un lavado completo de mucosas e inducir el vómito en caso de que el animal haya ingerido el sapo y no haya hipersalivación; si la hay o el animal no lo vomita habrá que estabilizar al paciente y proceder a la extracción del sapo con el animal sedado. También se recomienda el uso de carbón activado una vez extraído el sapo. Debemos estar muy pendientes de la auscultación, puesto que los desarreglos cardíacos que se producen son importantes y deben equilibrarse mediante la administración de fármacos. La fluidoterapia es muy importante, y el volumen a administrar deberá estar en un rango alto para inducir una eliminación más rápida de los tóxicos. Si el animal comienza a presentar signos de afectación del sistema nerviso, éstos también serán revertidos mediante medicación. También es importante emplear un protector hepático como pueden ser los complejos vitamínicos del grupo B. Realizaremos además analíticas de sangre (puede que sólo se aprecie un aumento de los niveles de potasio) y de orina.

Aprovechamos para mostraros a Elsa, una Westy que mordió un sapo hace poquito y que tras pasarlo bastante mal, respondió al tratamiento y logró recuperarse sin secuelas de su intoxicación.
ENVENENAMIENTO POR SAPO

Directora de la Clínica Veterinaria El Arca de Noé. Licenciada veterinaria por la Universidad de Léon y postgrado por la Universidad Autónoma de Barcelona. Dolores en Google+