Con motivo del mes de la detección precoz de la diabetes hemos tratado en un artículo anterior la diabetes en perros y ahora trataremos la diabetes felina

La diabetes Mellitus es una enfermedad endocrina muy frecuente en gatos, 1 de cada 200 gatos la padece. Sobre todo afecta a gatos obesos, que viven en el interior de la casa y practican poco ejercicio; de edad avanzada, más marcada a partir de los 7 años y los machos tienen más predisposición a desarrollar la enfermedad.
Existen dos tipos de diabetes:
-Tipo 1: el páncreas no es capaz de sintetizar suficiente insulina.
-Tipo 2: hay una producción de insulina adecuada, pero las células del cuerpo no actúan correctamente.
La mayoría de los gatos desarrollan diabetes tipo 2.

gatos

La insulina se encarga de incorporar la glucosa de la sangre a todas las células del organismo, de esta forma las células obtienen la energía necesaria para desarrollar sus funciones.
Si las células de nuestro gato no son capaces de obtener energía a través de la glucosa, empiezan a degradar las grasas y las proteínas del cuerpo para obtenerla. Observaremos que nuestro gato comienza a perder peso aunque mantenga el apetito o incluso coma más (polifagia).
Debido a la degradación de grasas y proteínas se empiezan a acumular en sangre y orina sustancias de desecho llamadas cetonas. La cetoacidosis es una complicación grave de la enfermedad que requiere atención veterinaria urgente, pues puede llevar al coma y a la muerte.
Otro de los síntomas que podemos observar en nuestro gato es lo que llamamos poliuria, cuando el gato produce más volumen de orina de lo normal. Esto es debido a que los riñones intentan eliminar el exceso de glucosa que se encuentra en la sangre y para ello producen grandes cantidades de orina, lo que lleva asociado que el gato tenga que beber más cantidad de agua de lo normal (polidipsia).
La glucosa en sangre también afecta a los vasos sanguíneos que nutren la retina, pudiendo producir desde problemas de visión leves hasta la ceguera total, aunque esto no suele ser muy común en gatos.
Otros signos que podemos ver en nuestro compañero son el pelo despeinado, debilidad, dificultad para saltar, apatía, posición anormal al caminar.

Los signos clínicos pueden pasar desapercibidos al principio y es posible que hasta que los niveles de glucosa en sangre no sean muy elevados y se empiece a eliminar por orina, no veamos los síntomas típicos de la diabetes, que pueden aparecer en un plazo de meses a años.

Para realizar un diagnóstico adecuado de la enfermedad, aparte de tener en cuenta todos los signos clínicos que estén presentes en el animal, también deberemos hacer análisis laboratoriales como medir la glucosa en sangre y orina, la fructosamina (mide los niveles de glucosa en sangre presentes durante una semana, para descartar que se hayan elevado por estrés del animal), y también realizaremos un hemograma y bioquímica entre otros.

Trataremos esta enfermedad con una dieta adecuada, la administración de insulina exógena si fuese necesario y un control de peso.
Habrá que realizar controles de seguimiento de esta enfermedad para ajustar el tratamiento a la evolución de la diabetes.

Cuanto antes detectemos la diabetes, menos tiempo tendrá esta enfermedad para dañar el organismo del gato. Es muy importante buscar atención veterinaria en cuanto observemos algún cambio en nuestro compañero y hacer revisiones periódicas para una detección precoz.

Directora de la Clínica Veterinaria El Arca de Noé. Licenciada veterinaria por la Universidad de Léon y postgrado por la Universidad Autónoma de Barcelona. Dolores en Google+

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