Hoy os vamos a hablar de la despedida de nuestras mascotas, algo que nunca deseamos que pase pero que desgraciadamente es inevitable. Aunque en los últimos años la esperanza de vida de nuestros perros y gatos se ha alargado notoriamente, su ciclo vital sigue siendo bastante más corto que el de los cuidadores, y esto implica que les vemos hacerse viejecitos y fallecer.
El momento siempre es traumático, sobre todo si nos coge de sorpresa, por eso os vamos a dar unas claves para poder llevar el trance lo mejor posible. Nada podrá calmar nuestro dolor pero el recuerdo de la convivencia con un animal es algo que nos acompañará siempre.
Cuidados veterinarios
Si tu compañero ya se está haciendo mayor, hay que pensar en que no es incombustible, y que en algún momento te dejará, por lo tanto es bueno que nos hagas visitas periódicas a la clínica para realizar revisiones semestrales, y saber en todo momento en qué estado está su salud para que no haya sustos. En el caso de que tenga una enfermedad crónica (bastante frecuente entre los abuelillos) es recomendable que tengas a mano el número de urgencias de la C.V. El Arca de Noé (686 00 83 64), por si se descompensa la enfermedad o hay algún empeoramiento repentino.
Eutanasia humanitaria
Si nuestro animal está en un punto en el que la mejoría de su estado de salud es improbable, y en el que existe un gran sufrimiento o una disminución grave de su calidad de vida se contempla la eutanasia humanitaria. Esto quiere decir que después de que en la clínica hayamos luchado y hecho todo lo posible, si tu animal está sufriendo y no es posible revertir la situación, entre los veterinarios de la clínica y tú contemplaréis la posibilidad de parar el sufrimiento a través de la eutanasia humanitaria. Como comentamos, esto es la última opción y siempre pensando en nuestros peludos.
La eutanasia humanitaria es un acto por compasión que para el animal es totalmente indoloro. El veterinario administra de manera intravenosa una serie de fármacos que provocan primero la pérdida de consciencia inmediata(sedación, seguida de un plano de anestesia profundo), y a continuación la depresión de las funciones cardiacas y respiratorias hasta su parada completa. Estos métodos implican el mínimo sufrimiento para el animal y siempre se realizan bajo la supervisión y responsabilidad del veterinario.
A pesar de las frías palabras que describen este acto, tu veterinario siempre luchará hasta el final por salvar a tu mascota y os acompañará durante este trance con cariño, empatía y profesionalidad.
Trámites legales
En varios Ayuntamientos, como en el de Valladolid, existe un servicio de incineración colectiva. Éste es el método más económico, pero existen otras posibilidades privadas, como la incineración individual (en ese caso en el horno crematorio sólo está una mascota, pudiéndose recoger las cenizas posteriormente para conservarlas en una hurna), o los cementerios de mascotas. En Valladolid existe un cementerio de mascotas y nos podéis preguntar si queréis más información.
En caso de que el animal tenga microchip hay que darle de baja en la base de datos. En nuestra clínica nos hacemos cargo de este trámite.
Duelo
Los psicólogos dicen que el duelo por la pérdida de una mascota es muy parecido al del duelo por una persona allegada. Es recomendable hacer una pequeña ceremonia para poder despedirnos, en caso de que haya niños en la familia, ser francos y explicarles con claridad el fallecimiento de su mascota. Ésto es mejor que dar explicaciones como que se ha escapado, o que lo tiene algún familiar, ya que puede provocar confusión y falsas esperanzas.
Introducción de una nueva mascota
Está claro que cada perro, cada gato, es único e irrepetible, con su personalidad y sus características propias, así que cuando un amigo peludo se nos va, es para siempre. Nos quedará su recuerdo, y todos los momentos vividos, pero pensar que se puede reemplazar su lugar con una nueva mascota es un error.
Cada persona tiene sus tiempos, y habrá quien no quiera volver a pasar por el trago y no querrá convivir con un animal otra vez, hay que respetar todas las decisiones y el introducir una nueva mascota tiene que ser algo pensado y deseado. Creo que en la mayoría de los casos, y pasado un tiempo, a los amantes de los animales nos apetecerá otra vez cuidar de una mascota.
Será una nueva aventura, otro montón de experiencias inolvidables que compartir con un peludo, y seguro que muchísimas sorpresas.
Yo soy de la opinión que ellos nos dan muchísimo más de lo que nos piden, y pienso que mi vida siempre estará más completa si tengo un colega de cuatro patas esperandome cada mañana para dar los buenos días.
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También existe otra opción, donar su cuerpo a la ciencia. Las personas implicadas que son conscientes de que para avanzar en la medicina hace es conveniente un estudio más profundo del cuerpo de un animal tras su muerte, sobretodo en caso de enfermedades, o simplemente para que los futuros veterinarios que están estudiando puedan hacer prácticas; serán concientes de el bien que hacen donando el cuerpo de su peludito. Es un trago amargo, y lo digo por experiencia, pero saber tu mascota dio todo de si en vida para hacerte feliz y que en muerte puede colaborar con el avance de la medicina veterinaria y la posible recuperación de otras mascotas enfermas, hace que su perdida no sea tan dura y sientas que de algo tan malo puede surgir algo bueno.
Yo lo hice y lo volvería a hacer.
Simplemente llamé a la universidad donde imparten veterinaria.
Mis condolencias para todos aquellos que se tengan que plantear esta opción.
Cierto Carol, gracias por ayudar a completar el artículo y sentimos la pérdida de tu perro. Saludos.
Es un grandísimo artículo. Gracias!!
Muy interesante tu artículo, estaría bien que entre colegas pudiésemos escribir un artículo de cómo enfrentar la muerte de tu paciente que, ademas, es tu mascota. Como veterinari@s sabemos cómo actuar frente a un propietario que acaba de perder a su animalito, pero nadie habla de cuando somos nosotr@s, veterinari@s, los que lo perdemos, y por mi experiencia personal, creo que para nosotros es más dificil pues nos enfrentamos no sólo a la pérdida de nuestro animal, sino al sentimiento de impotencia o fracaso profesional por no haber podido "salvarlo". Gracias por tu artículo!